Por: Stefanny Paola Peña Sevilla y Ruth Lara Castillo
El debate global sobre la accesibilidad suele centrarse en el cemento: la construcción de rampas, el diseño de ascensores o la adecuación de unidades de transporte. Sin embargo, para los defensores de los derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil en Venezuela, la transformación más urgente no requiere de materiales de construcción, sino de un cambio de perspectiva. En el camino hacia el cumplimiento de la Agenda 2030, una premisa cobra gran relevancia: los prejuicios y el estigma social son la verdadera discapacidad de una sociedad.
Por su parte, ell Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad (CONAPDIS) —órgano rector del Estado venezolano en la materia— ha expuesto en sus plataformas oficiales que “los prejuicios son la verdadera discapacidad de la sociedad”. Cuando las instituciones y los activistas coinciden en el diagnóstico, el panorama se aclara: el primer paso para construir un país inclusivo es derribar las barreras actitudinales.
ODS 10: Reduciendo desigualdades desde la empatía
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 10 de la ONU busca potenciar y promover la inclusión social de todas las personas, independientemente de su condición. En Venezuela, donde se estima que entre el 8% y el 13% de la población convive con alguna discapacidad, el marco legal ya ofrece bases sólidas para este avance. La Ley para las Personas con Discapacidad (Gaceta Oficial N° 38.598) establece de forma clara en sus artículos 5 y 6 que la discapacidad es una condición compleja interactuando con las barreras del entorno, reconociendo la diversidad de capacidades como parte de la riqueza social.
César Heredia, coordinador operativo de la Fundación Ruedas de la Felicidad, señala con optimismo que las barreras del entorno se van superando cuando la sociedad civil se organiza y utiliza herramientas modernas, como las redes sociales, para visibilizar y educar.
“La capacidad no es el fin del mundo, es una condición de vida que nos pone a prueba, pero también nos enseña a valorar las cosas de una manera distinta”, afirma.
ODS 11: Ciudades en transformación y el reto del diseño universal
El ODS 11 nos invita a pensar en ciudades inclusivas, seguras y sostenibles. Aunque el diseño urbano tradicional en el país se pensó bajo “tallas promedio” que a veces omiten la diversidad corporal —como apunta Isandra Villegas, ingeniera y especialista en gestión pública y estudios de movilidad y ciudad al hablar de la necesidad de adaptar el mobiliario y el transporte para personas con condiciones como la obesidad—, hoy el país cuenta con valiosos puntos de partida que demuestran que el cambio es posible.
Lejos de una parálisis, Venezuela muestra luces de arquitectura inclusiva y turismo accesible a través de proyectos locales emblemáticos:
• Caracas: En el Parque Hugo Chávez (La Rinconada) opera el primer Parque para la Neurodivergencia y Diversidad Funcional, diseñado con espacios seguros y amigables para condiciones del espectro autista y otras discapacidades.
• Maracaibo: Se han impulsado proyectos enfocados en la arquitectura inclusiva, materializados en espacios recreativos especializados para niños y adolescentes con condiciones motoras y cognitivas.
A estos esfuerzos se suma una historia inspiradora de liderazgo juvenil que está redefiniendo los espacios públicos en el país. Sebastián Filoramo, un adolescente ciego de 15 años, se ha convertido en el creador y propulsor de una iniciativa histórica: un parque recreativo totalmente inclusivo diseñado en Barquisimeto. Este innovador espacio rompe barreras al integrar pisos podotáctiles para guiar a personas ciegas, rampas estratégicas, lenguaje de señas y áreas de contacto animal y deportivo ofreciendo brazaletes gratuitos para niños con discapacidad.
El Deporte y la Sociedad Civil
La inclusión va mucho más allá de la infraestructura; se trata de recuperar la confianza y conquistar espacios. El mejor ejemplo de ello es Raicelis Rojas, una joven valenciana de 23 años que forma parte de los atletas impulsados por la Fundación Ruedas de la Felicidad. Tras un acontecimiento que cambió su movilidad a los 13 años, encontró en el deporte de alto rendimiento la herramienta perfecta para demostrar su potencial. Hoy brilla en disciplinas como el lanzamiento de bala, jabalina, disco, baloncesto en silla de ruedas y maratones.
“El deporte fue una experiencia muy bonita porque me hizo confiar más en mí. Me motivó a no quedarme en casa encerrada”, señala Raicelis. Para ella, la cancha es un espacio de liberación emocional y plenitud. Nos recuerda que las personas con discapacidad simplemente tienen “una diferencia de ver el mundo”, invitando a la sociedad a enfocarse en los talentos y no en las limitaciones.
Desde 2017, la Fundación Ruedas de la Felicidad ha transformado más de 4,000 vidas en Venezuela. Su enfoque no es asistencialista, sino integral: entregan ayudas técnicas (como sillas de ruedas de uso diario o prótesis) y brindan apoyo psicológico para impulsar la reintegración plena en actividades educativas, laborales y deportivas.
Un compromiso colectivo
El camino hacia el año 2030 en Venezuela se construye día a día con la voluntad de sus ciudadanos. Como bien señala César Heredia, el apoyo familiar y la fe son los bastones fundamentales que sostienen el ánimo, pero el objetivo final es el cumplimiento pleno de los derechos consagrados en las leyes nacionales y convenios internacionales.
Cuando apostamos por el talento en lugar de las limitaciones, el futuro cambia. El compromiso es colectivo: derribar los prejuicios cotidianos para que la inclusión deje de ser un proyecto en papel y se convierta en la realidad de nuestras calles.
Aviso legal: Este artículo se ha redactado en el marco del programa de becas de periodismo de Forus. Para más información, haz clic aquí

