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Liderazgo indígenas: entre la supervivencia y la lucha por ser reconocidos

Cosmel, Virgilio y Morelia son figuras en sus comunidades: son los docentes, las artesanas y los que cuidan de sus verdaderos “maraisas”. Ellos apenas están formando sus liderazgo y ya son voces que resuenan 

Hay timidez en ellos, hablan pausado, pareciera que están en permanente observación de todo a su alrededor y que tardan en entrar en confianza con los criollos. Así se muestran los warao a los visitantes y cuando alguien les dice maraisa, sus rostros cambian, algunos muestran una sonrisa disimulada, otros se ponen serios y hay quienes fruncen el ceño.

El término maraisa en warao significa amigo, hermano, pero es una relación que se traduce en confianza, por eso que cualquiera les diga maraisa, lo ven como algo despectivo.

Cósmel Tovar, líder indígena de 31 años, de la comunidad de Wakajura de Mánamo y quien también se dedica a la docencia, entra en una discusión sana cuando sus hermanos de etnia empiezan a describir la palabra. 

“Sí se usa para referirse al amigo, pero también cuando quieren denigrar, por ejemplo si pasa algo y quieren culpar a alguien señalan y dicen fue el maraisa, por eso no nos gusta que usen el término para todo, porque es algo que se da por la confianza”.

Tovar habla como líder entre su grupo. De hecho, otros jóvenes, que lo acompañan en su andar esperan señas o gestos de aprobación para intervenir. Pero él está claro, falta mucho por hacer, mucha preparación. “Yo soy como un líder porque soy el que habla cuando llegan las autoridades, entonces ellos confían en mí. Por eso me gusta capacitarme, aprender de derechos humanos”.

Cosme quería ser artista, doctor, quería ser muchas cosas. Por ahora da clases en la escuela de Wakajura con todas las limitaciones como ventaja: sin libros, sin insumos escolares, con poca iluminación, con pocos ingresos. Sin embargo, él se afianza en las tradiciones y en la oralidad para pasar el legado warao. Su esposa, una década más joven que él, lo ayuda en las actividades escolares, también Alelio Cabello, otro docente a quien los niños del pueblo rodean cuando ven llegar.

Ellos atienden a 215 niños hasta 6to. grado y 24 en edad preescolar.

Los colores rojs y los penachos son parte de la identidad de su vestuario

Cosmel dice entre risas: “el problema es que nosotros somos muy sinvergüenzas”. Lo comenta cuando mira a su alrededor y ve la pobreza en la que están sumidos sus hermanos. “Aquí si alguien viene y trae una bolsa la agarramos, esa es la realidad, porque tenemos muchas necesidades”.

Salir de Wakajura es muy difícil ahora. Lo hacen usando canaletas (curiaras con remos de madera) porque ya no hay motores fuera de borda. Para llegar  a Tucupita tardan cerca de 24 horas y es por ello que ya muchos no salen de la comunidad. Quienes lo hacen aprovechan para hacer mandados, llevar encomiendas, artesanías, para buscar recados y medicinas.

¿Participación protagónica?

El presidente fallecido Hugo Chávez, en su gobierno incluyó políticas de “participación protagónica” de los pueblos indígenas. Sin embargo, los warao quedaron muy rezagados con los planes. De hecho hay comunidades en las que ni existe la figura del cacique, como ocurre en etnias de Amazonas, Bolívar y el Zulia. 

Quien dirige o establece normas de convivencia es el más anciano o sus herederos, pero no lo hace en base a tradiciones de ascenso.

Y cuando de política se trata comenta Tovar: “no nos enteramos de nada, sabemos que hay elecciones cuando vienen a nuestros pueblos”.

Los warao que están en los caños no saben quiénes son sus representantes ante el Poder Legislativo y mucho menos que el Estado está en mora con la Ley de Participación Política Indígena, que se estableció en una de las disposiciones transitorias de la Constitución de 1999. 

Por primera vez en el preámbulo de una Carta Magna se menciona explícitamente el componente humano aborigen como parte constitutiva del país, y se le consagra un capítulo con ocho artículos reconociendo sus derechos, establecidos en leyes específicas.

Sería mezquino no reconocer ese avance. Sin embargo, Virgilio Moraleda, vocero de la comunidad indígena 23 de Febrero, sostiene que mucho ha quedado como letra muerta, porque toda su cosmovisión se ha afectado y degradado: se destruye la fauna (incluso por desconocimiento), hay deforestación, hay una constante contaminación del ambiente falta organización y participación.

Virgilio trabaja en pro del bienestar de la comuidad 23 de Febrero

Existe la Ley de demarcación y garantía del hábitat y tierras de los pueblos indígenas, la Ley orgánica de pueblos y comunidades indígenas (LOPCI) (República Bolivariana de Venezuela 2001, 2005) derivadas de la Constitución de 1999, y aún ellos aunque son originarios siguen con las manos vacías y sin la titularidad de sus tierras. 

“Queremos saber qué más hacer, qué podemos hacer para exigir nuestros derechos”, pregunta Virgilio como una muestra de sentirse atados de mano. 

Él, junto a Deciderio Cepeda y a Manuel Moraleda, trabajan para lograr un mínimo de condiciones dignas a sus comunidades, que se han visto afectadas por la migración (hacia Brasil) producto de la crisis económica. “No hay atención gubernamental, no hay transporte, no hay medicinas”.

Moriche y artesanía: la alianza deltana 

Es cierto que las actividades de subsistencia tradicional de los warao son la pesca, la caza y la recolección de frutos silvestres, pero es la artesanía -como acervo cultural- la que los hace vistosos ante los ojos de los criollos.

Los warao han sido expertos artesanos, incluso de la cerámica hace miles de años, y hoy en día, la práctica en manos de mujeres como Morelia Valderrey repotencian y actualizan esta actividad en el delta del Orinoco.

Morelia se destaca por su empuje con la artesanía y la formación permanente
Muestra su destreza en la preparación de adornos

Y es a través de este oficio que Morelia Valderrey, del sector Wakajarita I, se ha abre paso en el mundo occidental.

Ella usa el moriche y la bora como sus dos insumos aliados para emprender. Hace cestas, bolsos, pulseras, chinchorros y un sinfín de adornos que se ingenia para vender en el estado.

Su destreza para manejar y entretejer la fibra de moriche, que se cuela en sus manos con facilidad y la forma como prensa con los pies cada hebra previamente preparada por ella misma y seleccionada del cogollo de la mata, la hacen un líder artesanal.

Usa la técnica de tejido en espiral y una aguja para facilitar las maniobras; también le da colorido o matices a sus creaciones con tintes que preparan con otras plantas, y todo lo hace mientras va enseñando a los más pequeños de la aldea. Morelia, además participa en cursos y talleres de formación y cuando va de regreso a su pueblo se convierte en mujer multiplicadora de cambios

Este material forma parte de los contenidos generados por el proyecto Rostros y luchas de la Venezuela profunda, que elabora Sinergia en alianza con Odevida y el portal La Vida de Nos, en el que cuentan historias de resiliencia de las comunidades nativas de Zulia, Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro.

Por Mabel Sarmiento

Fotos Mabel Sarmiento

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