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Crecen los nichos lingüísticos para revitalizar los idiomas maternos originarios en proceso de extinción

Cada profesor, se puede iniciar con un cuento, un juego tradicional o la repetición de palabras en idioma Baré.

En Puerto Ayacucho hay conformados cuatro nichos lingüísticos que buscan revitalizar los idiomas maternos, usando técnicas de enseñanza que refuerzan lo lúdico, la conexión, la cultura y la familia.

Uno de ellos es el Baré Nupjani Wáyeni (Mi casa alegre), ubicado en el barrio Catania, sector La barraca de Elena, a cargo de Galvis y Dixon, de la familia Dacosta.

Actualmente, este nicho tiene una matrícula de 11 niñas y seis niños, con edad entre 5 y 13 años en su mayoría de distintos pueblos originarios (Baré, Ñengatú, Baniva, Jivi, Inga y criollos). Los acompañan tres docentes en áreas de idioma, baile y teatro bajo el acompañamiento de dos sabios baré que consolidan la cultura originaria de esta etnia.

El eje transversal, según explicó Dixon, es el idioma, y sus áreas lúdicas dinamizan y proyectan todo lo que se proponga como eje temático: fiestas sagradas, calendario agrícola, cotidianidad y tradición oral.

Arelis Dacosta (apoyo pedagógico e idiomático), Suset Gómez (baile), Dixon Dacosta (teatro), Antonio Dacosta (sabio) y Isabel de Galvis (sabia), llevan adelante el proyecto desde octubre de 2022.

Nuestro proceso formativo inicia con el año escolar. Nos enfocamos en la niñez porque son nuestra esperanza de cultura y tradición. El idioma Baré es nuestro eje transversal. Consideramos que la educación propia que nace en casa y se manifiesta en la cotidianidad: conuco, pesca, recolección, cuidado del hogar, la familia, son esencia sagrada. Con las artes (teatro, danza, música, pintura) se fortalece, desde lo lúdico, todo el sentir y pensar originario. Creemos en el trabajo comunitario, juntos alcanzamos más y mejores logros. Sembramos memoria ancestral con nuevas alternativas pedagógicas”.

Es parte del hilo programático del nicho que, además se complementa con recursos materiales que den auto sustentabilidad, “los buscamos, los aprendemos y los aplicamos. Trabajamos en base a resultado con proyecciones a largo plazo donde nadie es imprescindible, y optimizamos tiempo y recursos (responsabilidad, disciplina, compromiso y respeto por el aquí y ahora) porque la pandemia nos recordó que nadie es eterno”, explicó Dixon. 

Comenta que sus ancestros no medían el tiempo para enseñar y, por tal motivo, atienden a los niños todas las tardes, llueva, truene o relampaguee. Inician cada actividad con rutinas de acondicionamiento físico para que liberen la flojera y haya mejor disposición psicofísica. 

Según la dinámica de cada profesor, se puede iniciar con un cuento, un juego tradicional o la repetición de palabras en idioma Baré. La escritura, se aplica al final de cada jornada para que aprendan a sistematizar sus procesos diarios de aprendizaje.

En estos espacios evitan hacer dictados y copias. Se enfocan en desarrollar la atención, la acción y disposición para escuchar al otro. “Afinar los niveles básicos comunicación verbal, y no verbal. Valores de convivencia ancestral implícitos en la labor del conuco, la pesca, la cotidianidad”, ese es objetivo de cada nicho, revitalizar los idiomas maternos originarios en proceso de extinción”, señaló el capacitador.  

Este material es parte del proyecto que lidera la Red Sinergia, en alianza con Odevida y La Vida de Nos, en el que se visibilizan los liderazgos indígenas, los derechos humanos y el ambiente. Así mismo, el proyecto trabaja en combinación con con organizaciones ambientalistas que hacen vida en los estados Bolívar, Amazonas, Delta y Zulia.

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Texto: Mabel Sarmiento