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“Las mujeres del campo están marcadas por la precariedad”

Nhelsyr González, directora de la ONG Acción Campesina, integrante de la Red Sinergia, a propósito del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo, admite que la mujer venezolana está en un punto frágil, determinado por la emergencia humanitaria compleja; sin embargo, en esta época la ve aguerrida y tomando decisiones acertadas 

Aunque las mujeres rurales representan el 45,72 % de la población en el campo, sus condiciones sociales, económicas y políticas distan mucho de ser igualitarias, ya que las barreras económicas, sociales y políticas que afrontan limitan sus posibilidades de salir airosas de los riesgos que conlleva su accionar en el sector reproductivo-productivo-comunitario.

Ese porcentaje, que es una estimación del Banco Mundial sobre la base de las Perspectivas de la urbanización mundial de las Naciones Unidas, calculado con datos % del 2018 (11,79 %), también proyecta que la vida de una mujer rural está marcada no solo por la precariedad, sino también por el agotamiento, pues a los roles que desempeñan, se les suma la necesidad de buscar el agua y la leña para cocinar, hacer largas caminatas para llegar a un centro de salud o a la escuela y pasar largo tiempo sin comunicación o conexión,  ante el colapso de los servicios públicos.

Nhelsyr González, socióloga y directora de la ONG Acción Campesina, integrante de la Red Sinergia, a propósito del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo, hace un paneo sobre ese enfoque inicial, y admite que la mujer venezolana está en un punto frágil, determinado por la emergencia humanitaria compleja (EHC).

“LA EHC profundiza las complejidades en las vidas de las mujeres. Hay que reconocer que la vida de las mujeres está sometida a mucha tensión que devienen, normalmente, a  situaciones de muy poco bienestar o bienestar limitado a lo largo de sus vidas, y todo está asociado a la construcción social de lo femenino, pues se les asocia principalmente a sus funciones dentro del hogar, como manejar el presupuesto, el cuidado de los hijos, de los mayores de la casa, al rol reproductivo”.

—¿Eso es una barrera para su desarrollo?

—Esas condiciones le restan tiempo para dedicarse a sí misma, a planificar cosas en beneficio a su propia vida y, en el campo, se dedican además a apoyar a sus parejas en las jornadas de trabajo.

Esa presión se acrecienta en situaciones de crisis y cuando faltan los alimentos. Es más lamentable cuando están en el estrato más bajo de la sociedad, cuando no han alcanzado la seguridad para cubrir las necesidades básicas, cuando viven en espacios donde han agudizado los servicios públicos. Ellas se sienten responsables de la familia, pero esa precariedad, que no permite que tengan un ambiente adecuado para el desarrollo de las tareas cotidianas, también las perjudica.

 Las mujeres llegan a tener estados de desesperación, por ejemplo, cuando llega el agua o cuando logran conseguir abastecerse (ellas y sus hijos), tratan de cumplir con todas las tareas acumular, lavar los platos, la ropa, almacenar. Esto implica dedicar más tiempo a las tareas domésticas, también corren más riesgos, pues hemos visto que en muchas zonas rurales se desplazan en motos con sus pipotes y, evidentemente, el bienestar personal se ve interrumpido, precisamente porque dedican el tiempo a solucionar estas carencias. Al final tienen menos disposición física y mental para dedicarse a otras tareas más placenteras para ellas.

 —¿Cuáles son las consecuencias (de esta crisis) que han encontrado en el campo venezolano?

—Que muchas postergan ir al médico porque la prioridad son los hijos, si necesitan un tratamiento no lo compran porque primero es la comida. Incluso no se están atendiendo adecuadamente los embarazos, el control riguroso mensual ha disminuido, porque no pueden movilizarse a los centros de salud de la red pública, porque no tienen dinero, porque en sus regiones no hay médicos especialistas, porque no hay ecografistas y, al final, llegan al puesto asistencial sin la atención preventiva, son atendidas sin insumos ni agua.

Las mujeres en las zonas rurales también trabajan en la siembra, es una figura normal, pero muchas veces lo hacen en las tierras de otros para que les paguen un salario, las propias no las pueden cultivar por falta de dinero y de equipos y cuando lo hacen en las tierras de la familia no perciben ingresos, todo va al pote familiar. Prácticamente son invisibilizadas.

Otro de los grandes problemas es la violencia de género. Nuestras mujeres en la ciudad y en el campo están amenazadas, lo que revela Cepaz es que cada 16 horas ocurre un acto de violencia extrema contra las mujeres. Esto hace que la salud física y mental de la mujer se vea comprometida y no olvidemos que junto a ellas sus hijos.

Lo otro es la ausencia de la institucionalidad que se supone está a cargo de dar solución, si son violentadas no hay denuncias y si no hay denuncias no hay justicia.  Es un sistema malicioso que se acrecienta.

—¿La falta de igualdad y equidad, invisibiliza a la mujer?

—No solo en los roles de participación política y liderazgo social. También existe una mirada social que, de alguna manera, las condena a la invisibilidad. Por eso las mujeres tenemos que demostrar dominio, que tenemos la capacidad para hacer y cumplir con las tareas o responsabilidades. Claro sabemos que ese reconocimiento es más automático en los hombres, pero hay otros espacios donde  hemos venido creciendo activamente: el universitario, deportivo, en las organizaciones de la sociedad civil, donde tenemos una participación muy elevada en roles de dirección, aspecto que da una expresión clara de su crecimiento, de su desarrollo en medio de un contexto tan adverso; también en el sector empresarial… Quizás en la escena política es donde más se aprecia esta desigualdad, la Asamblea Nacional es un espacio muy masculino, pero normalmente estamos en cargos de secretarías, en direcciones; y fuera de este ámbito por citar una de las formas de organización comunitaria, los consejos comunales, éstos están conformados en su mayoría por mujeres. Que a veces no tengan tanta notoriedad puede estar vinculado al tema familiar, al hecho de que están resolviendo el día a día de sus hijos, de sus padres. Y quienes sí logran esa presencia, muchas veces, tienen que lidiar con esa carga de no estar presentes en el hogar.

—Frente al escenario anterior, ¿cómo ve a la mujer de esta época?

—Hay entusiasmo, se les ve más aguerridas, toman decisiones muy acordes, tienden a desarrollar una vida de menor dificultad, que es parte de la libertad de elegir lo que quiero ser. Eso no es una cosa que surge de un día para otro, eso es parte de las luchas que hay que dar en el ámbito personal. Tal vez puede estar muy presente, ahora, el tema del prejuicio en esa discusión del espacio público, pero si tiene acceso a la educación va a tener mayor oportunidad. Eso es crucial para que puedan tener mucho más control y puedan ser mucho más autónomas.

El acceso digital hace una diferencia enorme, tanto para hombres como para mujeres.

—¿Cuál es el aporte de Acción Campesina?

—Como dice nuestra misión: somos un actor social que impulsa la agricultura sostenible en corresponsabilidad con otros actores, privilegiando la participación de los pobladores rurales y de sus organizaciones en función del desarrollo rural del país.

Además de contribuir con el desarrollo de la agricultura familiar, promovemos la participación de la mujer en el sector productivo, para que eso redunde en la economía autónoma.

Por ejemplo, están los huertos familiares (más de 4 mil), están los bancos de semilla, con los que hemos visto mejoras sustanciales en la alimentación de los integrantes del hogar. Estos programas disminuyen la carga emocional que tienen de resolver la comida diaria. Además sirven para el encuentro del núcleo familiar, para la organización y planificación social, como está sucediendo con el agua.

Entre 2021 y 2022 atendieron 11 estados (33 municipios).

Eso se traduce en logros como:
  •   Acceso equitativo y sostenible de agua para consumo, preparación de alimentos e higiene personal a 5.171 familias (28.921) personas, a partir de la habilitación de 19 soluciones de agua distribuidas en 11 municipios del país, con la conformación de 19 comités comunitarios, para garantizar su adecuada gestión.
  •   Producción de 569.734 Kg de alimentos en los huertos y conucos que contribuyen con la seguridad alimentaria de familias vulnerables en 24 municipios del país.
  •   Distribución de 146.211 platos de comida suministrados a población en situación de extrema vulnerabilidad en 6 comedores populares.
  •   Formación de 50 jóvenes rurales (hombres y mujeres) como Asistentes técnicos agrícolas comunitarios.
  •   Incorporación de un nuevo comedor (estado Guárico) para un total de siete comedores atendidos. (Los Teques, El Baúl, Tejerías).

Esta entrevista es parte del seriado que por el Día de la Mujer (8 de marzo) preparó Sinergia
Texto: Mabel Sarmiento Garmendia 

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