Carlos Ayala (CIDH): “Una democracia no puede sustentarse sobre desigualdad extrema»

El jurista, expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), habla sobre cómo «la pobreza es una violación global a los DD.HH.».

22 julio, 2022 

Raquel Nogueira 

“Lo que más temían los padres de la Constitución estadounidense era la tiranía de las mayorías”. Así de contundente se muestra el profesor y jurista venezolano Carlos Ayala Corao cuando se le pregunta por la calidad democrática en el continente americano.

En esta época convulsa que vivimos, marcada por protestas en las calles de Latinoamérica, cambios de gobierno, ampliación de derechos en unos países y retrocesos en otros, como con el caso del aborto Estados Unidos, dice el experto que es importante echar la vista atrás, al pasado.

Y es que, insiste, “la elección es un paso fundamental cuando es democrática, pero luego hay una serie de valores y principios del Estado de derecho, la separación de poderes y la independencia judicial que se deben dar”. Y es precisamente ahí, asegura, donde entran los derechos humanos de los que él es garante y defensor desde hace décadas.

Y es que, insiste, “la elección es un paso fundamental cuando es democrática, pero luego hay una serie de valores y principios del Estado de derecho, la separación de poderes y la independencia judicial que se deben dar”. Y es precisamente ahí, asegura, donde entran los derechos humanos de los que él es garante y defensor desde hace décadas.

No por nada, Ayala ha impartido clases de Derecho Constitucional y Derechos Humanos en la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela, la Unniversidad de Oxford, la Universidad de Georgetown, la Universidad Iberoamericana o la American University Washington of College of Law.

Los ciclos de la democracia

Los avances y retrocesos que se pueden observar en el mundo, tanto a nivel de calidad democrática como de derechos humanos, explica el jurista, son procesos y ciclos. Por eso, recalca los “importantes avances” que se han venido dando, “sobre todo en la concienciación y empoderamiento de la gente, de los pueblos, de las personas, sobre sus derechos”.

Porque, recuerda son muchas las luchas colectivas de un pasado no siempre muy lejano que han llevado a los pueblos a conquistar derechos para las mujeres, para los pueblos indígenas, para los afrodescendientes, para el colectivo LGTBI… En definitiva, recalca, para esas “minorías que no lo son tanto”. Sin embargo, recuerda, “hay materias pendientes, como la desigualdad”.

Pero Ayala hace hincapié en que “una democracia no se puede sustentar sobre desigualdades extremas, porque la pobreza es una violación global a los derechos humanos”. De ahí la importancia de que se mantenga, en todo el mundo, pero especialmente en Latinoamérica, esa “conciencia de no tomar por otorgados los derechos, sino luchar por su conquista, por su vigencia, por su defensa”.

Porque, insiste, incluso para los gobiernos electos hay materias pendientes que no se pueden dejar en segundo plano. Por eso, el también expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace hincapié en que “una democracia es mucho más que elegir; la elección es una condición necesaria, pero no suficiente para describir una democracia”.

Tareas pendientes

En su visita a España el pasado mes de junio, Ayala se reunió con ENCLAVE ODS tras participar en el I Congreso Internacional Iberoamericano, organizado conjuntamente por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y la Universidad Francisco de Vitoria (UFV). Durante esa conversación, el jurista venezolano quiso, por un lado, poner en valor el gran recorrido del continente americano en el empoderamiento ciudadano. “No de súbdito, no de pueblo amorfo, no de masa, sino de ciudadanía empoderada en su derecho”, recalcó.

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Pero, a la vez, el también relator sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de las Américas entre 1996 y1999 quiso remarcar la vital necesidad de darle solución a la materia pendiente por excelencia de América Latina: la justicia y la independencia judicial.

“Todavía tenemos, en buena parte del continente, poderes judiciales integrados por jueces que no tienen estabilidad, o que son puestos por razones políticas, o que son presionados, u otros que cuando no obedecen al poder son removidos, destituidos y a veces hasta sufren otro tipo de consecuencias”, explica.

También, recuerda, hay casos en los que los jueces tienen “una concepción excesivamente positivista y formal, que no son capaces de ayudar a transformar las sociedades”. Ayala recuerda que el problema, en demasiadas ocasiones, está en la misma raíz, en la educación: “Nuestras escuelas de Derecho, e incluyo a España, tienden a formar de manera muy formal, muy sobre la base de memorización de códigos, de leyes, de instrumentos…”.

Sin embargo, explica el profesor de Derecho, que lleva 37 años ejerciendo como tal, lo que se necesita es enseñar “a razonar, a argumentar”. Porque, dice, “el derecho al final es eso: la capacidad de empoderarte a través de la argumentación”.

El currículo de Ayala es extenso, y además de lo ya mencionado, destacan también sus labores como miembro de la Comisión Internacional designado por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos para el proceso de selección y nombramiento de la Corte Suprema de Justicia de Ecuador (2005) o como consultor de la ONU para el proceso de elección de la Corte Suprema de Justicia de Guatemala (2009).

Pregunta: ¿Cómo puede precipitarse ese cambio en el sistema judicial que reclama?

Respuesta: Hay una responsabilidad tanto interna como internacional, porque sin independencia judicial no vamos a tener democracia, ni Estado de derecho ni de derechos humanos. Es un tema que hay que lucharlo internamente, porque están enquistados allí muchos privilegios y muchas formas de actuar, e inclusive muchas veces mafias entre abogados y jueces. Y, por otro lado, forma parte de la lucha por los derechos humanos, que debe ser acompañada de procesos colectivos.

P.: ¿De qué tipo?

R.: Si hemos llegado a la conclusión, por la Carta Democrática Interamericana, de que la democracia requiere una protección colectiva en la cual están interesados todos los Estados del hemisferio y además es un derecho de los pueblos y una obligación de los Estados, eso tiene que tener unas consecuencias concretas. No podemos esperar a que la casa se queme con los golpes de Estado tradicionales cuando se ha venido deteriorando la calidad del Estado de derecho, la democracia y los derechos humanos.

P.: ¿Cómo se relaciona esto con el sistema judicial?

R.: La primera prioridad para construir democracias fuertes, para construir ciudadanía, es el acceso a una justicia independiente, imparcial, imbuida de derechos humanos. Ahora, eso no siempre es la justicia formal del juez con la toga; hay medios alternativos de solución de controversia. Hay lo que se llaman en algunos países jueces de paz, jueces comunales, está la justicia indígena también, que es muy importante en América Latina.

El tema es el acceso a la justicia, por supuesto, con debido proceso y con decisiones en plazo razonable y buscar medios alternativos de resolución de conflicto que no sean a través del juez tradicional.

P.: Pero América Latina es la región de la impunidad.

R.: Y no sólo en el delito común que no se puede procesar, sino de la impunidad de las graves violaciones de derechos humanos. Y eso si bien hemos superado una parte como no lo ha hecho España, dejando sin lugar las leyes de amnistía, y si bien se han iniciado muchos procesos en varios países.

Porque la mayoría de las sentencias de la Corte Interamericana, aquellas que tienen que ver con violaciones graves a derechos humanos, torturas, ejecuciones, desapariciones forzadas, etc., le exige al Estado investigación, procesamiento y sanción de los responsables. Pero allí es donde, a pesar de que ha habido algunos avances, seguimos siendo el continente de la impunidad.

P.: Menciona también España.

R.: Veo que en España hay una tarea pendiente, que no se cumplió, que se sacrificó la justicia en un momento de transición en el que se decidió retrasarla. Pero lo que no puedes es impedir que los pueblos conozcan la verdad, la justicia y la reparación. Y vinculado con la justicia está el tema de la impunidad. Porque, además, la impunidad te genera incentivos a las violaciones: si no hay sanción, por qué no cometerlas.

Justicia universal, clave

En este sentido, Ayala reconoce que ha habido un avance en la justicia internacional. Por un lado, recuerda, tenemos la Corte Penal Internacional, el Estatuto de Roma, “que tampoco puede ser un tribunal diario, sino para crímenes atroces que los Estados no han sido capaces o no han querido perseguir y castigar”.

El jurista experto en derechos humanos pone en valor que se haya venido desarrollando en los últimos años en muchos países europeos la justicia universal. “En España, desafortunadamente, se cerró”, lamenta, aunque reconoce que es vital que “los perpetradores de graves crímenes contra la humanidad, independientemente de su nacionalidad o la nacionalidad de la víctima, sepan que no tienen descanso en ningún país y que pueden ser procesados porque son crímenes internacionales”.

Sólo así, recuerda Ayala, se pueden poner en marcha procesos de búsqueda de la justicia, la verdad y la reparación de las víctimas de.

P.: ¿Qué consecuencias tiene para la democracia esa impunidad, ese no recibir reparación como el caso español, donde no se han investigado las violaciones de DD.HH. de la guerra ni de la dictadura?

R.: Tiene una consecuencia para la historia de los pueblos. Los pueblos tienen que ser capaces de conocer la verdad, de evaluarla y de aprender de su propia historia. Y cuando no se ha tenido acceso a la justicia, a la verdad y a la reparación, siempre van a quedar temas pendientes, así sea por varias generaciones. Y ya lo estás viendo en varios países, y España es uno.

P.: ¿Por qué son tan necesarios estos procesos de justicia, verdad y reparación?

R.: Son necesarios porque les permiten a los pueblos curar heridas, reconocer errores y no volver a incurrir. Nada te salva, nada te garantiza. Y ahorita estamos viendo guerras otra vez en Europa. Nada te garantiza que estás inmune a futuros procesos de violencia, de excesos. Y como hemos visto en Argentina, en Chile o en Perú, un país tiene que pasar por un momento en el que las amnistías no valen. Hay que investigar qué ocurrió, como ocurrió, cuáles son las responsabilidades… y los pueblos tienen que aprender para no cometer los mismos errores que llevaron a tantas situaciones tristes.

Ayala reconoce que en todo conflicto armado “hay excesos de ambos bandos”. Pero, apunta, “hay que establecer responsabilidades precisas”. Eso, recuerda, “es una asignatura que ha quedado pendiente en España”.

Y zanja: “En América Latina está pendiente de superación la impunidad, aunque ha habido avances y, por ejemplo, ya no se pueden oponer leyes de amnistía en blanco que impiden la investigación y sanción de los responsables”.

Fuente: elespanol.com
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