Los Objetivos del Desarrollo Sostenible: ilusión o compromiso. Francisco González Cruz

Los Objetivos del Desarrollo Sostenible son la parte fundamental de la Agenda 2030 firmada por todos los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas en septiembre de 2015, entre ellos, por supuesto, Venezuela. A esa Agenda se han sumado numeras entidades no gubernamentales, empresariales, académicas y religiosas. También gobiernos provinciales y locales, comunidades organizadas y personalidades famosas, puesto que fue el resultado de numerosos esfuerzos y de un consenso pocas veces visto en las organizaciones mundiales

Muchos países han tomado iniciativas para hacer posible el cumplimento de esos objetivos, unos creando audaces programas bien estructurados mientras otros los han tomado tibiamente. Así mismo muchas empresas y organizaciones de empresarios los han asumido con gran entusiasmo, otras con meras declaraciones en sus principios mientras continúan sus procesos contaminantes de la humanidad y de la naturaleza. “De todo hay en la viña del Señor”. Hay ejemplos de comunidades locales que han cambiado gracias a liderazgos transformadores, que han recibido apoyo de la propia ONU, de sus organismos especializados, o de otras instituciones comprometidas.

Diversos medios de comunicación social han dedicado sus espacios para promover la Agenda 2030, para hacer llegar a muchos las ventajas de tener las rutas allí establecidas, las experiencias vividas, las evaluaciones obtenidas y diversas alternativas para lograr un mundo mejor. En verdad, es grande el esfuerzo realizado, pero los resultados no son muy alentadores.

Los ODS no se están cumpliendo es una afirmación del propio secretario general de las Naciones Unidas. Las causas son muchas y se pueden resumir en el poder de la codicia, el poco interés general, la pandemia, las guerras sobre todo la tragedia de Ucrania, los intereses contrapuestos de los poderes políticos y hasta las propias debilidades de la burocracia multilateral. También la escasa cultura ecológica que tenemos los humanos. Creemos que podemos hacer lo que queramos con nosotros mismos y con la naturaleza, como si no dependiéramos unos de otros. Ya vemos cómo un documento tan valioso para el mundo como la carta encíclica Alabado Seas de papa Francisco, ha despertado poco entusiasmo hasta en el seno de la propia Iglesia Católica.

El jueves pasado 9 de junio un grupo de estudiantes de la Universidad Valle del Momboy presentaron unos trabajos de investigación, mediante la cual evaluaron el grado de conocimiento que sobre los ODS tienen los habitantes de varias comunidades del estado Trujillo, donde ellos mismos residen. Fueron unas 250 encuestas muy sencillas, donde las personas debían contestar si conocían los ODS, se mencionaron cada uno de esos objetivos y se les preguntó si consideraban que se estaban cumpliendo o nó en su lugar, si estaban trabajando en alguno de ellos, y si estaban dispuestos a trabajar, dado el caso.

Los resultados no pueden ser peores, aunque esperanzadores. Casi nadie ha oído hablar de los ODS ni del desarrollo sostenible, la mayoría considera que no se están cumpliendo o que se está retrocediendo, muy pocos trabajan en algunos de ellos, pero la mayoría expresó estar dispuestos a trabajar si se da el caso.

Si estamos convencidos de que el cambio planetario se inicia con cada persona, en cada hogar y en cada lugar, la situación no va por buen camino. Si siembras un árbol estás contribuyendo con la reducción del calentamiento global, lo demás son discursos. Y eso es lo que tenemos, muchas palabras y pocas acciones. Las ilusiones son muchas, los compromisos son pocos. Lamentablemente

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