Día Mundial del Ambiente: Desde los derechos humanos ambientales hacia la condena al ecocidio

Pregunte que significa el Día Mundial del Ambiente a un pescador en el lago de Maracaibo rodeado de petróleo y desechos flotantes. Haga la misma pregunta a una madre en las minas de Las Claritas que cría a sus hijos en un ambiente tóxico por el mercurio o a un habitante de las tantas zonas de Venezuela donde desde hace meses no llega el agua a las tuberías de su casa.

Los más afortunados quizás oyeron hablar de eso de un “día del ambiente” cuando estuvieron en el colegio. Pero para la enorme mayoría esa fecha no le dice absolutamente nada.

¿Deberían saberlo?

No, si es una celebración más en el apiñado calendario global de efemérides o un mero eco de los cínicos discursos políticos que nunca llegan a la acción.

La respuesta es sí, si esa conmoración sirve para motivarlos a actuar en defensa de sus derechos humanos ambientales para poder vivir con salud y prosperidad.

Por otra parte, a los ambientalistas y defensores de derechos humanos ambientales esta fecha nos interpela: ¿Qué estamos haciendo para convertir esta fecha en un compromiso por la acción ambiental? Ello especialmente cuando las mayores amenazas actuales para las sociedades humanas no son la guerra, la pandemia o los vaivenes de la economía sino el cambio climático, la destrucción de la biodiversidad y la contaminación.

En cualquier caso, para todos, el Día Mundial del Ambiente debería ser una fecha para plantar las semillas de un mundo sostenible y respetuoso de todas las formas de vida. Es decir, un mundo en el que sea posible vivir con dignidad.

¿Qué tiene que ver el día mundial del ambiente con la Conferencia de Estocolmo y los derechos humanos?

Esta celebración fue establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en conmemoración de la fecha de inicio de la Conferencia sobre Ambiente Humano realizada en Estocolmo en 1972. La primera gran reunión global sobre el tema ambiental.

“El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar de bienestar…”.

Fue la primera vez que los gobiernos del mundo reconocieron el derecho a un medio ambiente de calidad como derecho humano.

A pesar de que los resultados de la llamada Conferencia de Estocolmo no tuvieron carácter vinculante y, por lo tanto, no hay obligación a acatarlos, tuvieron un efecto positivo.

Actualmente, más de 150 países reconocen el derecho a un medio ambiente sano a través de sus constituciones, leyes nacionales, decisiones judiciales o ratificación de instrumentos internacionales. De nuevo, infortunadamente esos avances legales no parecen haber detenido la destrucción ambiental en el mundo.

Pasarían casi cincuenta años para que los gobiernos del mundo dieran un paso adicional. El 8 de octubre de 2021 el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó una resolución que reconoció (realmente revalidó) el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible como elemento imprescindible para el disfrute de todos los derechos humanos.

Este logro fue el fruto de años de esfuerzos de organizaciones ambientalistas y defensores de derechos humanos dirigidas a defender el reconocimiento universal de este derecho y lograr instrumentos legales de carácter vinculante que lo fortalecieran. El próximo paso sería que este derecho fuera refrendado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero esto es sólo un hito en un camino que debe llevarnos mucho más allá.

Ecocidio

También hace 50 años, durante la misma conferencia en Estocolmo, el Primer Ministro sueco Olof Palme utilizó la palabra “ecocidio” para referirse a la grave destrucción del medio ambiente y pidió que se prestara atención internacional urgente” a esta destrucción medioambiental a gran escala. Fue la primera vez que se usó ese concepto en un foro internacional de alto nivel.

El concepto de ecocidio implica la realización de daños ambientales deliberados que producen efectos graves y masivos que afectan los derechos de muchas personas. Eso es justo lo que está ocurriendo actualmente en el mundo y poniendo en peligro el futuro de las sociedades humanas.

La idea de que definir el ecocidio como un delito contra la humanidad ha estado presente en la mente y en la acción de los defensores ambientales en todo el mundo. Pero convertir esta idea en una acción legal contra los ecocidas ha sido y es una acción difícil. Las leyes en casi todos los países han sido diseñadas para proteger los negocios y el poder de unos pocos y los ecocidios están quedando impunes.

Existe un movimiento en todo el mundo dirigido a impulsar un cambio en esas reglas y así poder proteger nuestras familias, nuestro futuro y toda la trama de la vida de la cual dependemos.

Por ello, este Día Mundial del Ambiente también nos pide exigir que se aprueben los cambios legales necesarios para considerar el ecocidio como un delito contra la humanidad al mismo nivel que el genocidio y los crímenes de guerra.

Debemos avanzar en esa dirección, por nuestros hijos, por todos nosotros, por todos los seres vivos.

Si desean incorporarse a la campaña global para lograr que el ecocidio sea considerado un delito contra la humanidad puede sumarse al trabajo que está realizando la organización internacional Stop Ecocide. Para ver cómo participar marque aquí.

Fuente: clima21.net

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