Las dos orillas necesarias para que el agua fluya. Por Alejandro Marius

En Venezuela estamos viviendo una situación muy compleja. Por un lado, se intenta responder a una crisis humanitaria donde la población más vulnerable está pagando el costo más alto, siendo los niños y los adultos mayores los más desprotegidos. Por otra parte, existe el desafío de poner sobre la mesa el tema del desarrollo integral, involucrando a todos los sectores necesarios para que eso sea posible.

Es como si nos encontráramos con un inmenso caudal de necesidades, como el agua, que necesita de las dos orillas de un río para que pueda fluir y no generar un pantano que tiende a descomponerse, no generar la vida, y al final no construir el bien común que tanto anhelamos.

Es importante reconocer que frente a la crisis humanitaria se han movilizado diversos actores desde el ámbito público y privado, entes de cooperación internacional, y diversas organizaciones nacionales. La prioridad ha sido la seguridad alimentaria del futuro de nuestro país: la infancia. Existen comedores infantiles operativos en escuelas públicas, organizaciones de la sociedad civil, incluyendo diversas realidades de la iglesia católica e iniciativas privadas. Y si bien esto ha sido una respuesta positiva para atender una necesidad tan urgente, no es suficiente para trazar una ruta de solución a un problema de proporciones gigantescas. Por cada comedor infantil que se abre en una localidad, se genera automáticamente una lista de niñas y niños que requiere la misma atención.

Cuando un niño no puede comer, una de las principales causas consiste en que las familias no generan los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. Nadie pone en discusión la importancia de todos los programas de alimentación infantil, pero es una iniciativa insostenible en el tiempo. Por ello urge atender la otra orilla del río: educar para el trabajo y ofrecer oportunidades para que la familia pueda aumentar sus ingresos y que los niñas y niños, puedan comer en sus casas. Los programas de alimentación escolar deberían ser un complemento, y no la única comida para los infantes, porque además generan una cultura de dependencia en los padres y/o representantes.

Toda iniciativa de asistencia a una emergencia debe tomar en cuenta, desde su inicio, una modalidad de ejecución que no pierda de vista el desarrollo integral de la persona; y esto pasa por atender la educación, la cultura, el entretenimiento, el deporte y cualquier expresión que no reduzca al ser humano a un individuo cuya única necesidad sea alimentarse.

Una iniciativa muy sencilla que está desarrollando la A.C. Trabajo y Persona, junto a varios de sus aliados, es el programa emprendedoras gastronómicas. La numerosa cantidad de niños que necesitan alimentarse, no se puede pretender satisfacer únicamente con el crecimiento de comedores infantiles en todo el país; porque si bien se logra alimentar a cada vez más niños, se genera proporcionalmente una mayor dependencia del programa por parte de las familias. Este programa consiste en formar a las madres o mujeres de la comunidad como emprendedoras gastronómicas, para que, además de colaborar con los comedores infantiles para retribuir su capacitación, puedan comenzar una iniciativa que le permita generar ingresos. Otros componentes del programa son conocer las características nutricionales de los alimentos y las tradiciones culinarias de su región. Además de eso, se les acompaña para que luego de un tiempo puedan generar ingresos y logren cubrir la alimentación de sus hijas o hijos, y de esta manera se libere un lugar en el comedor y así otro niña o niño que lo necesite pueda ser atendido Es cierto que el 100% de estas mujeres no va a emprender, pero se puede generar un impacto positivo para evitar un gasto público o financiamiento internacional que crece exponencialmente, junto a la valiosa promoción de una cultura del trabajo y el emprendimiento.

Así como para que un rio llegue al mar se necesitan dos orillas, para lograr un desarrollo humano integral en pro del bien común, necesitamos atender las necesidades más urgentes y al mismo tiempo invertir en educación en todos los niveles; pero la de más rápido efecto es sin duda la educación al trabajo de los jóvenes y adultos.

Esto no es una utopía, ya es una realidad para profundizar, sistematizar y replicar, porque constituye una pieza clave a mediano plazo para poder generar un cambio de mentalidad, aún en medio de la emergencia.

Alejandro Marius

Presidente. Asociación Civil Trabajo y Persona

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