Programa Mundial de Alimentos: nuestra última balsa salvavidas, por Luis F. Cabezas G.

|

El pasado 19 de abril recibimos la grata noticia de la llegada al país del director ejecutivo del Fondo Mundial de Alimentos (WFP por sus siglas en inglés), David Beasley . Una visita que se esperaba desde hace aproximadamente dos años atrás, tomando en cuenta las alertas que desde la sociedad civil se venían enviando acerca del escalamiento de nuestra emergencia humanitaria compleja y, muy especialmente, en el tema alimentario y en poblaciones tan sensibles como lo son niños y personas mayores.

Nuestra emergencia humanitaria compleja ha ido escalando, tomando en cuenta que a las ya frágiles condiciones que la hicieron posible y que se han agravado, se le han sumado otras variables. Tal es el caso del conflicto armado con grupos irregulares en la frontera con Colombia (estado Apure), lo que ha ocasionado un importante número de desplazados venezolanos a predios colombianos, al igual que denuncias de pobladores de La Victoria, comunidad ubicada en la zona de conflicto, que hablan de ajusticiamiento de civiles y saqueo de viviendas por parte de fuerzas militares venezolanas.

De igual forma, se ha acentuado la migración forzada de venezolanos en condiciones muy precarias. Ya se tiene conocimiento, al menos, de dos personas mayores que salieron desde Barquisimeto, en fechas distintas, con un grupo de caminantes y en el trayecto sufrieron tales niveles de agotamiento que les provocaron infartos mortales en las inmediaciones de la ciudad de Barinas.

Asimismo, esta semana fuimos testigo del triste episodio en el que un hombre mayor murió ahogado junto con sus dos nietos —una adolescente y un niño— al tratar de cruzar el río Táchira para poder llegar a Colombia.

Entre las otras variables que agravan la situación está el proceso de desplazamiento interno que está viviendo el país, en donde un importante número de personas han comenzado a migrar hacia la capital, huyendo de las precarias condiciones que viven en localidades como Maracaibo, Barquisimeto o Mérida donde la escasez de combustible, los frecuentes y prolongados cortes de electricidad y colapso de otros servicios los han llevado a tomar la decisión.

Sin embargo, en la propia capital de Venezuela la situación no resulta nada prometedora, sobre todo frente al avance de las bandas armadas en sectores populares. Comienzan a parecerse mucho más a grupos insurgentes con cada vez mayor apresto bélico y procedimientos que distan mucho de ser simples bandas delincuenciales. Provocan desplazamientos internos dentro de la propia capital, tratando de buscar espacios no sometidos a los particulares códigos que imponen estos grupos insurgentes.

En el tema económico, la hiperinflación sigue triturando la capacidad adquisitiva del venezolano, en especial de los más vulnerables, tal es el caso de las personas mayores. Esta semana, el monto de la pensión mensual se ubicó en 0.71 centavos de dólar, condenando a la indigencia a no menos de cuatro millones de la tercera edad.

Un atípico periodo lluvioso combinado con la escasez de gasoil, ha impedido que un número importante de productores de granos y cereales realicen la cosecha, hablándose de la pérdida de, aproximadamente, 30% de la producción de frijoles, por tan solo hacer mención a un rubro.

Como podemos ver, nuestra emergencia ahora está aderezada con nuevos problemas que complejizan nuestra ya menguada situación. Sin embargo, la firma del memorando de entendimiento entre el gobierno y el Programa Mundial de Alimentos es una buena noticia, este es uno de los clúster con mayor apresto logístico dentro de la arquitectura humanitaria de Naciones Unidas.

El WFP tiene su centro de operaciones a tan solo dos horas de Venezuela, en Panamá, lo que sin duda puede facilitar su rápida entrada a campo y con ello poder mitigar el daño ya ocasionado, sobre todo en las poblaciones más vulnerables.

Serán 185.000 niños que podrán recibir asistencia alimentaria durante 2021, lo que servirá no solo para tratar de salvar a esos infantes sino también para calibrar la verdadera voluntad del gobierno de permitir el ingreso de la ayuda humanitaria sin politización y, sobre todo, brindando apoyo en el terreno para viabilizar el despliegue de la ayuda. Esta naciente aproximación marcará la posibilidad de que 1.5 millones de infantes puedan ser atendidos en 2022 y que el soporte de ayuda se pueda ampliar a otras poblaciones, también en absoluta condición de riesgo.

De igual forma, el Programa Mundial de Alimentos pudiera jugar un rol fundamental en la reactivación del agro, dadas sus capacidades en el incremento de la autosustentabilidad de los territorios como camino para solventar sus déficits nutricionales. Sin embargo, solos no podrán en esta dura lucha, se precisa que todos quienes tenemos mandato humanitario podamos apoyar, pero sobre todo el gobierno, quien tiene frente a sí la posibilidad de mitigar el daño que ellos mismos causaron.

Llegó la artillería humanitaria, pero hace falta que todos libremos esta lucha contra la pobreza, la inanición y la real amenaza de convertirnos en una crisis olvidada.

Luis Francisco Cabezas G. es Politólogo. Máster en Acción Política, especialista en Programas Sociales. Director general y miembro fundador de Convite A.C

Fuente: talcualdigital.com

Share
Share
Aumentar/Disminuir Fuente