Protesta no violenta

La politóloga Erica Chenoweth solía creer, como muchos, que la violencia era el método más confiable para deshacerse de un dictador. Después de todo, la historia está llena de golpes de Estado, rebeliones y guerras civiles. No se tomaba muy en serio las protestas públicas u otras formas de resistencia pacífica; ¿Cómo es posible que puedan derrocar a un poderoso régimen autoritario?
Chenoweth relata en una Conferencia TED que se dedicó a reunir datos y quedó sorprendida con lo que descubrió. “Recolecté datos de todas las grandes campañas violentas y no violentas para derrocar gobiernos o liberar territorios desde 1900”, dice — cientos de casos. “Quedé atónita con las estadísticas”.
Este es su cuadro, que claramente sugiere que los movimientos no violentos tienen un rango de éxito mucho mayor:
Y de hecho esa tendencia está “aumentando con el tiempo”, añade Chenoweth. “Las campañas no violentas se están volviendo cada vez más exitosas”. Abajo hay un cuadro de las campañas exitosas entre 1940 y 2006.
Se puede observar en efecto un repunte de éxitos en campañas violentas entre los 70s y los 80s, quizás producto tanto de la de-colonización — la partida de los poderes europeos de África al sur del Sahara generó una ola de conflictos armados por el poder — como de la Guerra Fría, en la que el apoyo americano o soviético podría haber ayudado al éxito de movimientos rebeldes. Pero la tendencia se ha revertido significativamente desde el final de la Guerra Fría, con los éxitos no violentos cobrando mucho mayor auge.
“Los investigadores solían decir que ningún gobierno podría sobrevivir si tan solo el 5% de la población se alzaba en su contra”, dice Chenoweth. “La información que tenemos demuestra que el número puede incluso ser menor que eso. Ninguna campaña individual en ese período fracasó luego de alcanzar la participación activa y sostenida de apenas 3.5% de la población”. Y añade, “Pero aún hay más: todas las campañas que excedieron la participación del 3.5% de la población fueron no violentas. Las campañas no violentas fueron, en promedio, cuatro veces más grandes que el promedio de las campañas violentas.”
Por supuesto, 3.5% es muchísima gente. Por ejemplo, en Irán, es equivalente a 2.7 millones de personas. En China, son 47 millones de personas. Y sin embargo, sucede. No está del todo claro cuántos egipcios protestaron en la insurrección de febrero de 2011 que causó la caída del presidente Hosni Mubarak, pero una cifra por el orden de los 2.9 millones no suena descabellada.
Chenoweth enfoca mucha de su conferencia en la importancia de motivar a 3.5% de la población a protestar para derrocar a un gobierno y por qué la resistencia no violenta es la mejor manera de lograrlo. Les puedo decir que las características que hacen a la no violencia más efectiva que la violencia transcienden el asunto de cuál de las dos atrae más gente a las calles.
Completé mi tesis de maestría sobre la represión de los gobiernos contra alzamientos populares, que involucró el estudio de estos mismos fenómenos. Dejo claro que no soy en modo alguno tan experta como la profesora Chenoweth, y solo estudié aproximadamente 30 casos en comparación con sus “cientos”. Sin embargo, descubrí algunas cosas que sustentan su argumento de que la resistencia no violenta es más efectiva.
Una de las cosas que descubrí es que un levantamiento tiene 50% más posibilidades de fracasar si se torna violento. Parece ser el caso que una vez los que protestan toman las armas, legitiman el uso desproporcionado de la violencia como respuesta del régimen. En otras palabras, es mucho más probable que las fuerzas de seguridad disparen — y es también más probable que los policías y soldados cumplan esa orden — si la oposición les está disparando. Es una reacción humana, pues la gente generalmente rechaza que les disparen, pero también es importante a nivel interno en el gobierno. Los levantamientos con frecuencia pueden causar una crisis de legitimidad dentro del gobierno, particularmente si se quebranta la relación entre el jefe de estado y las fuerzas armadas o de seguridad, lo cual puede hacer caer a dicho gobierno. A mayor violencia en la protesta, más probable es que el régimen se unifique internamente.
Consideremos que el Estado casi siempre la fuerza militar a su disposición para aplastar prácticamente cualquier insurrección. Esto es particularmente cierto luego de la Primera Guerra Mundial, después de la cual la mayoría de los Estados adquirieron tanques, ametralladoras y otros instrumentos que prácticamente ningún grupo rebelde podría igualar en el campo de batalla. Descubrí que una insurrección tiene solo la mitad de posibilidades de éxito de las fuerzas armadas intervienen directamente, y que es mucho menos probable que esto pase si la protesta se mantiene no violenta.
El uso de la violencia también tiende a reducir el apoyo popular de una protesta. Chenoweth cree que esto se debe a que una insurrección armada es físicamente mucho más exigente y peligrosa, y por ende espanta a posibles participantes, pero yo añadiría que la violencia es controversial y puede generar simpatía por la policía y los soldados al otro lado de los rifles disidentes. Un alzamiento violento puede terminar por polarizar a la ciudadanía en apoyo al gobierno, mientras que la represión gubernamental contra protestas no violentas con frecuencia reducirá el apoyo público por el régimen.
Chenoweth continúa con un punto importante: los movimientos de resistencia violenta, incluso si son exitosos, pueden crear una serie de problemas a largo plazo. “Resulta que la forma en que se resiste es importante más adelante, también”, dice, explicando que sus estadísticas sugieren que países con insurrecciones no violentas “tenían más posibilidades de emerger con instituciones democráticas”. También tenían un 15% menos de probabilidades de “reincidir” en el conflicto hacia una guerra civil. Después de todo, un movimiento no violento con frecuencia es inherentemente democrático, una especie de expresión masiva de la opinión pública fuera de las urnas de votación. Un movimiento violento, por otra parte, sin importar los ideales que lo motiven, es por completo un intento de legitimar el poder a través de la fuerza; no es difícil ver cómo sus participantes victoriosos terminarían manteniendo el poder principalmente a través de la violencia, también.
Este es aún un campo en desarrollo, por supuesto, y algo tan complicado como un alzamiento popular no puede jamás ser predicho por una única variable. Incluso si la mayor parte de las insurrecciones armadas fracasan, algunas tienen éxito, así que no está escrito en piedra que los movimientos no violentos son siempre mejores. Para más información, lean el libro “Why Civil Resistance Works”, co-escrito por Chenoweth y Maria Stephan.
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