¿Quiere una bolsa?

Alejandro Luy
Las bolsas plásticas constituyen uno de los principales problemas socio-ambientales a nivel mundial. No solo causan la muerte de más de 250 especies de fauna marina, incluyendo tortugas, ballenas y diversas aves, sino que obstruyen drenajes en ciudades agravando los riesgos de enfermedades hídricas y generando costos adicionales a gobiernos locales; representan un consumo de hidrocarburos y por tanto impactan en la generación de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático; contaminan los mares y sus peces con pequeñas partículas de plástico producto de su desintegración que entran en el ciclo alimenticio del hombre; su incineración contamina el aire, entre muchas otros efectos.
Por ese motivo en numerosos países y más de 300 ciudades de los 5 continentes se han desarrollado distintas estrategias para promover la reducción del consumo de bolsas plásticas de “un solo uso”, esas que comúnmente recibimos en supermercados, farmacias, panaderías. En 2014, en alianza con Botiquería, Fundación Tierra Viva editó el documento “Bolsas plásticas; un problema nada ligero” que recoge diversas experiencias de municipios, estados y países, y los resultados obtenidos.
Una de las tácticas más comunes en esta tarea ha sido la aplicación de un impuesto a las bolsas, en otras palabras, por regulaciones nacionales o locales, los usuarios deben cancelar el costo de la bolsa. En ocasiones este impuesto alimenta un fondo para financiar proyectos ambientales. En algunos países esta acción ha producido la reducción en un 90% del volumen de bolsas plásticas. En los países donde esto se ha implementado, las personas encargadas de facturar las compras suelen preguntar al cliente si quiere bolsas plásticas y cuántas. Como consecuencia de lo que este costo representa para la economía personal, los clientes – muchas veces a partir de procesos educativos – generalmente cargan consigo bolsas ecológicas, es decir bolsas resistente y de múltiples usos para evitar esta adquisición innecesaria.
En Venezuela, no existe ninguna legislación o reglamento orientado a reducir el consumo de bolsas plásticas, pero como consecuencia del incremento de la situación económica y los costos de las bolsas, diversos negocios – incluyendo importantes cadenas de supermercados – han empezado a cobrar las bolsas plásticas a sus clientes. Hemos conocido de casos en Caracas, Valencia y Tucupita, dónde los cajeros preguntan “¿Quiere una bolsa?” y al responder afirmativamente se refleja el costo de la misma en la factura de compra.
Lo anterior sirve para reflexionar sobre lo positivo, negativo e interesante de la situación. Sin duda que es positivo e importante que en nuestros país, donde en promedio cada habitante usa 150 bolsas al año (unas 4 mil millones en total), se promueva la disminución del consumo de este artículo. Es lo que hemos venido haciendo en alianza con Botiquería desde 2012, con estrategias de educación y comunicación, y con la Alcaldía de Chacao con la promoción de las bolsas ecológicas.
Sin embargo, y aquí lo negativo, la manera como se está haciendo está llena de carencias. En primer lugar no se está haciendo por una preocupación socio-ambiental, sino como una estrategia de reducir costos a los comerciantes. Por otra parte, no tiene la estrategia ningún soporte técnico-jurídico que lo norme, así cada comerciante está haciendo lo que cree necesario, independientemente de lo que compre, el tamaño de la compra, entre otras cosas. Así que lo hace quien quiere, cómo prefiera: algunos no entregan bolsas para la compra de algunos productos, otros no entregan ninguna bolsas a menos que la adquieras.
Pero lo más importante es que no hay asociado un proceso educativo mediante el cual se explique el beneficio para el ciudadano, la ciudad y el ambiente disminuir el consumo de bolsas plásticas, cuáles son las alternativas y que pueden considerar – como un elemento – la promoción de bolsas ecológicas.
Lo interesante, y hemos tenido la oportunidad de decirlo en ámbitos empresariales, universitarios y comunitarios, es que la situación económica y el costo que representa la bolsa para la operación de las tiendas podría convertirse en una oportunidad para una acción coordinada entre distintos sectores para atender un problema “nada ligero”, complejo y que “a la calladita” tiene una importante incidencia en la gestión de residuos sólidos especialmente en zonas costeras. Aun ese proceso de coordinación no se ha dado ni siquiera entre sectores de un mismo ramo del comercio.
Mientras tanto, conociendo la problemática que generan las bolsas plásticas y esta tendencia sin guía que puede ser que se extienda masivamente en buena parte del país, me permito aportar a los ciudadanos algunas recomendaciones sencillas que pueden hacerlos parte de la solución y no del problema:
Cargue siempre su bolsa ecológica en su cartera, carro o bolso.
Cuando haga una compra analice si esta la puede llevar en sus bolsillos, cartera o morral. No pida la bolsa – aunque sea gratis – si no la necesita.
No pida doble bolsa en los supermercados. Las bolsas pueden soportar hasta 8 kilos de peso.
Por último comparta estas recomendaciones con su familia, sus amigos y sus vecinos. Al final ganamos todos.

Alejandro Luy
Gerente general de Fundación Tierra Viva
24 de enero de 2017

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