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Armando Janssens : ¡No suspendas tus actividades!

Armando Janssens
Armando Janssens

11 DE SEPTIEMBRE 2016 – El Nacional
Con alguna frecuencia recibo mensajes que comunican la suspensión de actividades convocadas con anterioridad. Vienen de todos los ámbitos de nuestra sociedad: desde una actividad diplomática, la presentación de un nuevo libro, una charla importante, una actividad para recaudar fondos, una reunión de padres y representantes y hasta actividades de organizaciones sociales de cierta importancia. Mis amistades constatan lo mismo y reciben igualmente el anuncio de la suspensión de una junta de condominio, la directiva del gremio, la peregrinación largamente preparada de la Virgen, la graduación universitaria tan esperada de su hija o hijo, al igual que la postergación de una reunión con delegados del gobierno.

Algunos pocos de estos avisos vienen acompañados de una nueva fecha o aseguran el pronto aviso. Así pasó con el Grupo Jirahara, que postergó la fecha de su reunión anual en Barquisimeto por algunas semanas y logró realizarla con gran éxito semanas posteriores. Al fin y al cabo se trató de la falta del servicio eléctrico, inconveniente que surge en cualquier dinámica organizativa, especialmente hoy en día en nuestro país.

Analizamos los motivos para estas postergaciones y son tan variados como se puede imaginar: la inseguridad reinante en esa zona de la ciudad, la hora tardía de la convocatoria, el precio del alquiler de la sala y del refrigerio es demasiado costoso, no hay recursos para financiar el traslado del expositor, el autobús se dañó y no hay repuestos, no hay papel glasé para imprimir los diplomas, no habrá quorum de asistencia, no se consiguió cemento para terminar el baño, el director del despacho no recibió el permiso para reunirse, no se consiguieron los ingredientes de la comida y sigue nombrando. Motivos suficientes… pero ¿realmente son suficientes?

La mayoría de las justificaciones se refieren igualmente a “razones conocidas por todos”, así aludiendo al ambiente general de confusión y miedo que caracteriza hoy nuestra sociedad y su convivencia. Como la Espada de Damocles que cuelga sobre nosotros y en cualquier momento puede caer –o nos imaginamos lo peor–, puede explotar y gravemente afectarnos.

No pretendo minimizar ni ridiculizar tales realidades y sentimientos que a todos nos acompañan, especialmente en el campo de la sociedad civil hoy en día. Siempre me preocupa la seguridad personal de un promotor o líder social que visita ciertas zonas de la ciudad, que pueda encontrarse en medio de un tiroteo. A pesar de que tomamos ciertas precauciones de no ir solos, escogiendo las horas más convenientes y teniendo claro las personas a contactar y el transporte más seguro, persisten reales limitaciones y peligros potenciales. Pero al mismo tiempo también diría con voz firme y seguro que nuestro deber nos obliga a no abandonar ni a la gente, ni a las comunidades, ni nuestras acciones de apoyo. Se necesita mucha creatividad y renovadas metodologías para unir la prudencia al cumplimiento de nuestra vocación humana.

El régimen centralista y de poder total del Estado y su partido, pretenden en parte importante ahogar los esfuerzos de la sociedad civil y sus actividades. No es que desvaloricen de antemano nuestro trabajo, ya que pueden reconocer con alguna frecuencia nuestra efectividad. Pero esa –según ellos– debe estar en manos y bajo la tutela del partido, del gobierno, bajo su mando y propiedad. Por este motivo establecen cantidad de obstáculos que se inventan, como los encontrados en los registros y notaría, para enredar el desarrollo normal de estas instituciones.

De modo que suspender una actividad planificada o hasta limitar nuestros esfuerzos en el trabajo social de acompañamiento de las comunidades, es como claudicar y jugar a favor de los planes del centralismo. Es exactamente lo contrario de lo que pretendemos lograr.

¡Resistencia contra la decadencia que nos está invadiendo! No podemos permitir que el debilitamiento de la situación general afecte tan profundamente a nuestra gente, a sus familias y a sus comunidades. Nuestras acciones deben permitir lo que hemos llamado a lo largo de los años “Burbujas de Libertad”, donde las relaciones de convivencia, el diálogo respetuoso y la creación de respuestas positivas sean su sello distintivo. La gran variedad de actividades deben multiplicarse para formar una corriente de positividad.

Todo esto nos debe dar una nueva energía renovada en medio de la situación conflictiva que estamos viviendo. ¡No podemos escondernos para no llamar la atención! No podemos dejar de crear nuevas iniciativas para acompañar a nuestra gente en estos días de colas, de escasez y de violencia. Debemos seguir trabajando para el diálogo desde abajo, con el ingrediente de la esperanza y la paciencia.

Así, no suspendamos actividades sino promovamos respuestas creativas y dupliquemos el alcance de nuestra acción.