Los retos fundamentales de la democracia en el marco del bienestar

Convite 10 años (1)Si en una mirada global tratamos de buscar democracias sólidas en el mundo, nos vamos a encontrar con que son muchas más las que actualmente enfrentan severas dificultades de gobernabilidad y gobernanza.
Bajo el pretexto de la recuperación de la democracia, en los últimos lustros se han fraguado diversos movimientos en distintas latitudes. Unos más sociales, como fue la llamada Primavera Árabe, y otros entre tanto más políticos como es el caso del viraje a la izquierda en buena parte de América Latina. Sin embargo, hoy en ambos casos las esperanzas de progreso y mejoras quedaron atrás. Vemos países sumidos en terribles crisis políticas, con enormes déficit de bienestar y con severos retrocesos democráticos.
El caso de Venezuela despunta en América Latina, sus indicadores económicos y sociales son nuestra negativa carta de presentación: la inflación más alta del mundo, el único país de la región en el que por tercer año consecutivo la pobreza y la indigencia aumentan, la tasa de criminalidad más alta del continente y a ello hay que sumarle retrocesos democráticos -presos políticos, politización de la justicia, desconocimiento de poderes- que han debilitado la institucionalidad del sistema político y la calidad de la democracia.
La oferta de una democracia protagónica y participativa, el combate a la corrupción y el empoderamiento de los excluidos, son hoy frases vaciadas de contenido. En estos 16 años, el deterioro de la institucionalidad democrática ha sido a todo nivel y el déficit de bienestar se ha incrementado con la novedad de que ha permeado no solo a los tradicionales sectores más vulnerables sino a toda la sociedad.
Frente a esta realidad, de seguidas me permitiré citar textualmente parte de un documento que elaboré en conjunto con Yolanda D´Elia, para el año 2007, en el que planteábamos los retos fundamentales de la democracia en el marco del bienestar. Su vigencia, 9 años después, lo hace casi un imperativo en la actual situación. Acá lo comparto:
“La democracia revolucionaria unifica en una sola figura Estado y pueblo, y requiere edificar un poder supra-institucional no sometido a los controles tradicionales ni a la voluntad ciudadana. No apunta hacia un proceso de fortalecimiento institucional del Estado, sino a crear una estructura de control sobre el propio Estado y la sociedad con el fin de abrir paso a este poder.

El resultado es un proceso radical de desinstitucionalización, prácticas autoritarias, intervención de los canales de comunicación y un alejamiento cada vez mayor entre la agenda gubernamental y las agendas ciudadanas. Estos fines subyacentes a las conductas gubernamentales son ayudados por las características del Estado venezolano, cuya existencia y estructura ha descansado en la disponibilidad de una renta petrolera sobre la cual los ciudadanos no deciden. En la medida que las posibilidades económicas y los recursos asociados estén más atadas a la voluntad de este poder, se mantendrán los bajos niveles de bienestar y se debilitará la democracia en su esencia.

La opción por el bienestar genera valiosos aportes a la democracia, pero supone hoy retos mayores que en el pasado. Es necesario hacer valer los compromisos adquiridos por los actores políticos con el bienestar de la población, enfrentando una tendencia hacia el uso del gasto público como instrumento para obtener capital político. El acceso al bienestar constituye un mecanismo de integración de las personas, puesto que potencia su sentido de pertenencia a un colectivo social y permite que los sujetos sociales tengan mayores espacios para el establecimiento de relaciones y vínculos, permitiendo la vivencia de experiencias democráticas.

La respuesta de las instituciones a la protección, respeto y satisfacción de los derechos, es otro reto importante. Es necesario crear nuevas reglas a la conducta institucional en el marco de los derechos. La limitada capacidad de respuesta de las instituciones genera la necesidad de canales alternativos -incluso fuera de toda legalidad- para acceder a los medios de bienestar. Un reto de la sociedad venezolana hoy en día es lograr que las organizaciones civiles trabajen por la exigibilidad de los derechos ante el Estado y, por ello mismo, deben hacerlo preservando su autonomía. Asimismo, debe insistirse en la descentralización del Estado más allá de las gobernaciones de Estado como instrumento para una mayor democratización del poder público. Esto supone enfrentar una lógica centralista que opera en función de ejercer control sobre la renta.

La descentralización debe trascender lo meramente político-administrativo y dar paso a un financiamiento de carácter progresivo, de tal manera que sean los municipios y las unidades de gestión de las comunidades las que tengan acceso a los mayores recursos. Por otra parte, es necesario generar un proceso en el que la renta pierda su carácter rentístico y se transforme en un instrumento dinamizador de la inversión y la producción económica. El bienestar debe ser uno de los principales destinos de esta inversión, porque tiene efectos en la redistribución del ingreso y transfiere activos sociales a la población”

El documento citado “Serie Diálogo Democrático. Democracia y Bienestar: aportes del bienestar al fortalecimiento de la institucionalidad democrática”. Pueden revisarlo completo aquí: http://www.ildis.org.ve/website/p_index.php?ids=7&tipo=P&vermas=101

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