Barbarie 2.0

Convite 10 años (1)Venezuela despunta a nivel continental, e incluso mundial, en materia de criminalidad; 90 fallecidos de forma violenta por cada 100 mil habitantes es nuestra tarjeta de presentación. Caracas es la capital del crimen en Suramérica -134 vidas arrebatadas por cada 100 mil habitantes-solo superada a nivel de toda América por San Pedro Sula en Honduras.

No conforme con esta terrible realidad que nos aqueja, más recientemente ha proliferado una modalidad que busca de manera abominable y bárbara hacer frente a la creciente y notoria impunidad que reina en nuestro país, tal es el caso de los linchamientos.

Si buscamos en esa biblioteca virtual llamada Wikipedía, podemos encontrar que los linchamientos son definidos como “la ejecución sin proceso legal por parte de una multitud, a un sospechoso o a un reo”.
Debo dejar sentado que como cultor de la defensa de los derechos humanos bajo ningún concepto aprobaré o mitigaré la acción del linchamiento, pues en esa acción sumaria se albergan prejuicios sociales, raciales, religiosos, políticos entre otros, que en algún momento pueden arrebatar la vida a una persona indistintamente de su condición de culpable o inocente.

El caso más reciente ocurrido en la ciudad de Caracas, específicamente en Los Ruices, donde una persona fue brutalmente golpeada, luego rociada con material inflamable y prendida en llamas, es la más atroz demostración de esta irracional forma de “hacer justicia”. Pero lo más abominable de dicho caso es que el hoy fallecido “supuesto agresor” resultó ser una persona inocente.

Asumir la barbarie como forma de resolver las diferencias o agresiones nos sumerge en un submundo donde la irracionalidad y el darwinismo social, en su versión más primitiva, son las normas que rigen ese oscuro hábitat.

Algunos argumentan hastío, inacción gubernamental, impunidad u otras causas, pero la verdad es que no hay justificación alguna para que una poblada de forma sumaria imparta justicia sin siquiera tener certeza de que el objeto de su ira es realmente el que tienen frente a ellos.

Esta terrible realidad que producto de la modernidad -sí léase bien modernidad- ahora podemos ver en nuestros aparatos celulares o móviles, debe necesariamente hacernos reflexionar y preguntarnos de cuál modernidad hablamos si asumimos prácticas primitivas que se consideraban superadas. Qué pasa por la mente de una persona cuando rocía de gasolina a otra, de la que no tiene más dato que el veredicto de una muchedumbre caotizada y demencial que grita “ladrón, ladrón”; o qué piensa quien estoicamente graba con su móvil al linchado en llamas.

Hace ya un mes aproximadamente también pudimos ver gracias a la “modernidad” tecnológica cómo una persona en Catia era prendida en llamas luego de ser flagrantemente capturada atracando una unidad de transporte. Algunos dirán “este lo merecía”, pero mi pregunta es: ¿qué hacemos con el otro que era inocente?, el asunto es que NINGUNO de los dos mereció el ajusticiamiento.

¿No podría ser acaso una nueva modalidad de crimen sin culpable, que algunas personas se pongan de acuerdo para generar una situación delictiva ficticia que provoque el linchamiento de otra? Pues sí lo creo, porque solo basta que un pequeño grupo al grito de “ladrón, ladrón” active los cinco minutos de primitivismo para que una poblada muela a palo al sospechoso bribón. Y muerto el sujeto, no hay culpable, pues no se sabe quién dio el golpe de gracia.

Los Estados deberían ser lo que las sociedades quieren que sean. En el caso de Venezuela el modelaje ha sido a la inversa. Ha sido el Estado quien ha modelado la sociedad, eso evidencia lo que hoy como sociedad somos, no tenemos propios muros de contención frente a la inacción del Estado, de allí que pareciera que no hay limites frente a determinadas situaciones, en las que al no haber referente éticos podemos sin darnos cuenta, sumergirnos en la barbarie de jugar a ser Dios.
Entre linchamientos, secuestros y atracos que circulan en redes sociales transcurre hoy nuestra modernidad. Qué ironía que la modernidad, siendo ésta símbolo de progreso hoy, no solo en Venezuela sino en el mundo entero, cohabite con las más atroces e irracionales conductas humanas. Mucho queda por reflexionar.

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