El hábitat violentado


El hábitat construido por y para los seres humanos se ha convertido en espacio para la muerte de sus propios habitantes. A pesar de nuestras diferencias, toda vida es valiosa, si esta premisa no está presente, no es posible ningún diálogo de paz. «Si todos sufrimos lo mismo ¿por qué hay 2 lados?
MARÍA EUGENIA GIL BEROES
Desde que comenzamos con este espacio en Tal Cual, su objetivo ha sido cuidar las distintas manifestaciones de la vida. Siempre, cuando grupos humanos intervienen espacios, toman hábitats de otras especies, con lo cual hay violencia, depredación, desplazados, muertos, etc.

Hoy ciudades venezolanas, hábitat construido por y para los seres humanos se han convertido en el espacio predilecto para la muerte de sus propios habitantes, y repetimos: hay violencia, depredación, desplazados, muertos ¿De qué estamos hablando?

LO ÚNICO BARATO: LA VIDA
En la naturaleza se dan combates entre los líderes o miembros Alfa, para que el más fuerte, el más saludable, el mejor, pueda pasar su herencia genética y aumentar las posibilidades de vida de la especie a través de individuos igualmente sanos y fuertes.

Nosotros no actuamos así, cuando nos enfrentamos tenemos otros objetivos en mente como por ejemplo: el control, la sumisión, la utilización y por supuesto, hasta la muerte o desaparición del otro si fuese necesario, en pro del objetivo planteado.

Esta «tierra de gracia» ha vivido una historia profundamente violenta y como decía una pancarta: «No es verdad que todo es caro en Venezuela, aquí la vida es barata».

Así fue para los conquistadores, así fue para los ejércitos polarizados durante la independencia, así fue para las distintas «revoluciones» del siglo XIX, así fue para Gómez, Pérez Jiménez, el período de la lucha armada y evidentemente así es hoy para la revolución bonita «pacífica pero armada». La violencia, como dice Agustín Blanco Muñoz es consustancial a ella, (¡Esto es lo que Chávez nos dejó! El Universal digital viernes 07/03/14 – historiactualbolgspot.com).

SI TODOS SUFRIMOS LOS MISMO…
Como seres vivos somos un ecosistema y para nuestro sano y completo desarrollo dependemos de nuestro hábitat y de las relaciones con los demás seres vivos. Este ecosistema ha sido y es violentado internamente y externamente, lo que nos va cerrando las posibilidades de SER. Este ecosistema, a pesar de los pesares, está en el tope de la cadena evolutiva porque se supone que pensamos, que asociamos ideas y porque tenemos eso que han llamado «inteligencia». Lo cual habla de nuestra complejidad biológica y social.

Una pancarta preguntaba «Si todos sufrimos lo mismo ¿por qué hay dos lados?»: Es evidente que en un país donde hay más de 24 mil muertes violentas al año es un hábitat con problemas muy serios. Para re-establecer la vida tenemos que parar, detener de inmediato la violencia, en todas sus formas y en todos sus ámbitos.

Un hábitat de estas características es inviable pues coloca todo y a todos en riesgo. La sola presencia del riesgo y la posibilidad de daño – el susto o la amenaza – ya es una forma de violencia.

TIEMPO DE URGENCIAS
Mientras hoy, el riesgo por mantener la vida crece, y las personas focalizan su atención en protegerse y conseguir alimentos básicos, necesariamente descuida otros temas importantes para la salud de su ecosistema personal y su hábitat. Mafalda, querido y recordado personaje de Quino, decía que las cosas urgentes no nos dejan tiempo para las cosas importantes.

En este momento de urgencias cuando mas necesitamos los centros asistenciales es cuando mas sentimos su deterioro. Sin duda las cardiopatías, las enfermedades respiratorias, las gastrointestinales y por supuesto la salud mental de la población es cuando mas requiere asistencia.

La urgencia del momento nos impide preguntar y conocer el estado del agua y de las hidrológicas, de preguntar por los estudios de impacto ambiental de las obras del Ministerio de Turismo en las islas de la Tortuga y la Orchila; nos impide preguntar por qué sitios estratégicos para la seguridad de la nación como los parques nacionales ahora van a ser manejados por colectivos y consejos comunales; qué pasa con los pasivos ambientales de la industria petrolera, las minas de oro, ahora en manos chinas, del carbón de la guajira, y/o la contaminación atmosférica.

La violencia en las ciudades agrede al patrimonio natural más importante: nosotros mismos y nos impide ejercer nuestros derechos fundamentales como seres humanos, sociales y políticos. Toda vida es valiosa a pesar de nuestras diferencias, si esta premisa no está presente en nuestras acciones, no es posible ningún diálogo de paz.

Tomado del Diario Tal Cual /Ambiente | 10/03/2014

Share
Share