Colapso en la Cobertura Educativa: ¿Incapacidad o Pretensión Gubernamental? Por Alfredo Infante S.J.

Cuando analizamos los datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) sobre materia educativa nos topamos con un país sin luces, apagado, irónicamente conducido por una élite que dice ser seguidora del Libertador Simón Bolívar, quien afirmó: “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”.

Y es que los datos de la ENCOVI 2021 vienen a confirmar lo que, por experiencia cotidiana, veníamos palpando en todo el país, especialmente en los sectores populares. Estamos en un deslave educativo que está enterrando en la miseria a millones de niños, niñas y adolescentes, quienes difícilmente contarán con las luces para emprender la ruta de la superación de la pobreza.

Hay que decir que el proceso de destrucción del sistema educativo es anterior a las sanciones y a la pandemia de COVID-19; sin embargo, ambos hechos han contribuido a profundizar el desastre y, lo peor, sirven de chivo expiatorio a la élite dominante para evadir su responsabilidad por la vía de la propaganda ideológica.

En cuanto a los indicadores de cobertura, los porcentajes que arroja la investigación son indignantes y la tendencia acelerada de exclusión de un año a otro, sumamente escandalosa. Según la doctora Anitza Freitez, “entre el período 2019-2020 y el año 2021, la cobertura educativa global (para las edades comprendidas entre 03 y 24 años) cayó 5 puntos porcentuales, al pasar de 70 % a 65 %. Comparada con 2014 (cuando la cobertura era de 73 %) la disminución es de 8 puntos porcentuales”. [1]

Se nota, pues, un mayor deterioro en los últimos 3 años, que indica una tendencia acelerada desde la llegada de la COVID-19, y da cuenta del mal manejo de las políticas educativas en contexto pandémico o, peor aún, del desinterés y abandono por parte del Estado en lo relativo a la formación de nuestros hijos e hijas –o, tal vez, ambas cosas-. Nótese que aquí estamos hablando sólo de cobertura, no de la calidad de la educación que se recibe, dato que, sin duda alguna, prendería aún más las alarmas.

María Zenaida Rosario, directora de la escuela Canaima (AVEC) –institución adscrita a la Red Educativa San Alberto Hurtado de la parte alta de La Vega, zona suburbana al suroeste de Caracas- confirma con su testimonio esta dolorosa realidad: “Si tú llegas a mi escuela, ves a gente buscando cupo y no tenemos capacidad para asimilar la demanda de cupos, eso da la impresión de que estamos en un país donde mucha gente quiere estudiar y tiene incentivos para estudiar. Ojalá fuera eso, pero en realidad lo que pasa es que mucha gente que tenía la posibilidad de tener a sus hijos en algunos colegios privados de El Paraíso o Montalbán están cambiando de colegio. Estas personas, por las dificultades de transporte o por no poder pagar un colegio privado, migran a otros centros educativos y, como no tenemos capacidad de asimilar esta demanda, muchos quedan fuera. También, hay casos de gente que llega del interior del país y otros que regresan de otros países. Lo cierto es que, aunque muchos han abandonado el proceso educativo para trabajar y ayudar a sus familias o para emigrar, otros llegan buscando cupos porque, por dificultades de transporte o por costos, les resulta más buscar espacio en la escuela que está cerca de su lugar de residencia”.

Este hecho está reflejado por la ENCOVI y la coordinadora de la investigación, Anitza Freitez, lo comenta así: “Hay una importante movilidad desde la educación privada a la educación pública, imposible de atender por las instituciones estatales. Como consecuencia, hay un número importante de jóvenes que han quedado en un limbo, porque no tienen posibilidades de estudiar y tampoco tienen oportunidades para incorporarse en el mercado de trabajo, con un empleo de calidad”. [2]
 
La profesora Marta Piñango, directora de la escuela Luis María Olaso de Fe y Alegría –también perteneciente a la Red Educativa San Alberto Hurtado- nos comenta: “El tema de la cobertura escolar siempre ha sido crítico porque el Estado, en estos últimos 20 años, no ha construido suficiente escuelas y, ahora mucho más crítico, porque aunque construya escuelas, si no se mejoran las condiciones de trabajo de los docentes, los centros educativos quedarán sin personal, como ya está ocurriendo en muchos lugares. Como ves, para mejorar la cobertura se requiere de una política integral que aumente las infraestructuras, mejore las condiciones de vida de los docentes y, también, recupere la economía, para que haya incentivos para estudiar”.
 
Por su parte la profesora Zurelys Núñez, directora del colegio Andy Aparicio de Fe y Alegría -también perteneciente a la Red Educativa San Alberto Hurtado- apunta lo siguiente: “El abandono del proceso educativo, por parte de niños niñas y adolescentes, en gran parte tiene que ver con la falta de incentivos, pues todos sabemos que ser profesional en este país y vivir del salario es engrosar las filas de la pobreza socioeconómica. Entonces, se abandona el proceso educativo para rebuscarse y poder sobrevivir. No es fácil hacer ver que el valor de la educación está más allá de su mera utilidad socioeconómica. Hay dos cosas que me preocupan en esto de la cobertura: por un lado, que el sistema está colapsado, no tiene los suficientes centros educativos ni el personal suficiente para asimilar a la población desescolarizada; por el otro -que para mí es lo más grave- un gran porcentaje de esa población desescolarizada ha perdido el interés de estudiar por falta de incentivos y, por tanto, están condenados culturalmente a la pobreza, a ser mano de obra barata no calificada o, peor aún, a buscar caminos irregulares”.
 
Los países desarrollados culturalmente son aquellos que invierten un importante porcentaje de su presupuesto en educación. El desarrollo educativo es la vía más expedita para la superación de la pobreza. La exclusión del sistema escolar de un volumen significativo de la población es un indicador más de que caminamos hacia un empobrecimiento acelerado. Aunque este proceso se ha agudizado con las sanciones y la pandemia, el mismo obedece, sobre todo, a la falta de voluntad política o, en el peor de los casos, a un plan de dominación por parte de quienes conducen los destinos de nuestro país.

Alfredo Infante S.J.

[1] https://elucabista.com/2021/09/29/encovi-2021-retrata-un-pais-con-945-de-pobreza-sin-oportunidades-de-trabajo-y-mayor-inequidad-en-el-acceso-a-la-educacion/
[2] Ibídem

*Foto: AFP

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