PRESOS DE EMOCIONES DESBORDADAS Boletín Nro. 26 Marzo 2021

Existe una conexión entre la mente, el comportamiento y el cuerpo. Vivir encerrado, sin fecha de libertad, en un oscuro y pequeño calabozo policial, carente desde agua hasta de un poco de aire fresco para respirar, sin privacidad ni espacio para dormir, rodeado de la mezcla de hombres o de mujeres o de ambos sexos sanos, enfermos, violentos, no violentos, que exudan los padecimientos del cuerpo y del alma es traumático para cualquier ser humano. Además del infame hacinamiento y el hambre que pasan, los reclusos sufren una secuencia de maltratos y de trastornos que terminan en depresión, ansiedad y sacando lo peor de ellos en conflictos intracarcelarios.

La Organización Mundial de la Salud define La Salud como un estado de bienestar físico, mental, y social y no simplemente como la ausencia de enfermedad o debilidad. “La salud no existe sin la salud mental.” En el Informe Anual 2020 de Los CDP de Venezuela, realizado por Una Ventana a la Libertad, indica que el 68,75% de las causas de muertes en los 273 calabozos estudiados fueron las enfermedades. También registra que el 93,77% de los calabozos monitoreados suspendieron las visitas, desde marzo de 2020 para prevenir contagios de COVID-19. Esto ha incidido hasta en la demostración de afecto entre privados de libertad y familiares, lo cual les impacta emocionalmente.

En este boletín Ventana Informativa 26, PRESOS AL BORDE DEL DESEQUILIBRIO EMOCIONAL, quisimos sondear el tema de la salud mental en los Centros de Detención Preventiva de Caracas, Anzoátegui, Lara, Táchira, Mérida, Monagas, Miranda-Eje Guarena, Guatire, Higuerote-. El equipo de periodismo de investigación ratificó la presencia de algunos presos y presas con problemas de salud mental dentro de algunos calabozos. Exploramos cómo les afecta emocionalmente el encierro prolongado dentro de un ambiente hostil; Qué hacen para soportar las condiciones de confinamiento a un año del comienzo de la cuarentena obligatoria por la presencia del Covid 19.

Urge caracterizar la salud mental de los presos y sus familiares y crear programas de atención psicológica y psiquiátrica que ayuden a canalizar la bomba de emociones en desequilibrio que han potenciado las condiciones de vida inadecuadas e internación de este sistema penitenciario paralelo.

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